La biología del alma: cuando la tierra piensa
- JESUS ARIEL
- 15 ago 2025
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 13 nov 2025
El alma, como la semilla, necesita oscuridad para germinar.
Y la tierra —ese vasto cuerpo que respira bajo nuestros pies— tiene su propia alma biológica.
Por siglos, la ciencia y la espiritualidad caminaron por senderos paralelos.
Pero el Agrosapiens, observador de ambos mundos, descubrió que la frontera entre ellos era una ilusión.
En cada raíz, hay memoria.
En cada brote, hay intención.
El suelo, lejos de ser materia muerta, piensa con silencios más profundos que cualquier mente humana.
Los científicos del nuevo siglo encontraron que las plantas producen impulsos eléctricos al ser tocadas, que responden al sonido, que almacenan recuerdos de estímulos previos.
Esos impulsos no son emociones humanas, pero son formas de conciencia vegetal.
La biología del alma no se mide en oraciones, sino en vibraciones.
El Agrosapiens camina con los pies sobre un cerebro viviente.
Cada paso que da, activa sinapsis de hongos, bacterias y minerales.
Es parte del pensamiento terrestre.
Y cuando medita en medio de un campo, entiende que su respiración y la del planeta son la misma cosa.
La biología del alma es el nuevo lenguaje de la espiritualidad científica:
el reconocimiento de que el universo no está hecho de materia, sino de presencia.





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