🌾🧬 Cultivos biofortificados: la apuesta por combatir la desnutrición desde la genética vegetal
- Juan Carlos Ramos González
- 19 dic 2025
- 2 Min. de lectura
¿Qué pasaría si una semilla pudiera no solo alimentar, sino nutrir profundamente a millones de personas? Esa es la promesa de los cultivos biofortificados, una innovación agrícola que lleva la lucha contra la desnutrición desde la cocina… hasta el ADN de las plantas.
La biofortificación es el proceso de mejorar el valor nutricional de los cultivos mediante técnicas de mejoramiento genético tradicional o biotecnología, con el objetivo de aumentar su contenido de micronutrientes esenciales como hierro, zinc, vitamina A y proteínas de calidad. A diferencia de la fortificación industrial (que agrega nutrientes a los alimentos procesados), la biofortificación hace que la planta misma produzca más nutrientes desde su origen.

Este avance tiene un potencial enorme, especialmente en regiones donde las dietas básicas dependen de unos pocos alimentos (como arroz, maíz o yuca) y donde millones de personas sufren deficiencias nutricionales crónicas, muchas veces sin saberlo. La falta de hierro, por ejemplo, causa anemia; la de vitamina A, ceguera infantil; la de zinc, debilita el sistema inmune. Todo eso puede combatirse con una herramienta silenciosa pero poderosa: una nueva variedad de semilla.
Algunos ejemplos de cultivos biofortificados que ya están en uso:
🌽 Maíz con más provitamina A, desarrollado para regiones de África y Centroamérica.
🍠 Camote anaranjado, rico en betacarotenos, ampliamente distribuido en comunidades rurales de Asia y América Latina.
🌾 Arroz dorado, diseñado para combatir la deficiencia de vitamina A en países con alto consumo de arroz como alimento base.
🫘 Frijol con alto contenido de hierro y zinc, adaptado a zonas de montaña en América Latina.
Estos cultivos han sido desarrollados por centros de investigación como el CIMMYT, el CIAT y el HarvestPlus, en colaboración con universidades y gobiernos. Y lo más importante: han demostrado ser eficaces, seguros y bien aceptados por los productores y consumidores, ya que mantienen el sabor, el rendimiento agrícola y las características deseadas.
En muchos casos, los agricultores que adoptan estas variedades no solo mejoran la nutrición de sus familias, sino que encuentran nuevas oportunidades comerciales en mercados que valoran la salud y la seguridad alimentaria. Además, al tratarse de tecnologías que no requieren fertilizantes especiales ni condiciones distintas de cultivo, su implementación es sencilla y escalable.
Sin embargo, el éxito de la biofortificación no depende solo de la ciencia. También requiere educación, políticas públicas, sistemas de distribución y estrategias de sensibilización, para que las comunidades reconozcan y valoren los beneficios de estos alimentos. Porque una semilla con más hierro no resuelve nada si no llega a los platos que más lo necesitan.
La buena noticia es que este movimiento crece con fuerza. En América Latina, ya hay programas nacionales que promueven el cultivo y consumo de variedades biofortificadas en escuelas, comedores comunitarios y programas de desarrollo rural. Y cada vez más investigadores apuestan por mejorar la nutrición desde la raíz: desde el mismo campo.
Porque al final, combatir la desnutrición no tiene por qué ser caro, complejo o industrial. A veces, la solución más poderosa está en una planta, en una semilla mejorada, en un alimento que hace mucho más que llenar el estómago: nutre la vida.




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