Las granjas de la Luna
- ALAN MENDOZA
- 22 ago 2025
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 13 nov 2025
La Luna siempre observó en silencio cómo la Tierra germinaba.
Hasta que un día, también quiso florecer.
Las granjas lunares son el experimento poético más ambicioso de la humanidad: sembrar sin aire, cultivar sin agua, florecer sin sol.
En cúpulas translúcidas, los Agrosapiens cultivan plantas adaptadas a la radiación y al vacío.
Algunas especies generan su propio oxígeno; otras producen energía lumínica para mantener el ecosistema cerrado.
Pero lo más sorprendente no es que la vida haya llegado a la Luna, sino cómo se comporta allá.
Las plantas crecen más lentas, pero con tallos más fuertes.
Los colores se intensifican; las flores, bajo gravedad reducida, abren como si danzaran.
Los agricultores lunares no son colonos, sino poetas con trajes espaciales.
Cada semilla sembrada allá lleva dentro un pedazo de la Tierra: bacterias, agua, recuerdos.
La Luna se convierte en espejo de lo que fuimos y laboratorio de lo que podemos ser.
Cuando los primeros brotes lunares florecieron, los astronautas lloraron.
No por nostalgia, sino por revelación:
la vida no tiene patria.





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